Aerotermia y biomasa son las dos alternativas renovables más habituales para sustituir una caldera de gasoil o de gas. Ambas reducen la factura y las emisiones, pero la experiencia de uso diaria es radicalmente distinta y eso pesa más de lo que la mayoría de comparativas reconoce.

Qué es una caldera de biomasa
Una caldera de biomasa quema material orgánico, normalmente pellets de madera prensada, aunque también existen modelos de astillas o hueso de aceituna. El calor de la combustión calienta el agua del circuito de calefacción y del agua caliente sanitaria, igual que haría una caldera convencional.
Se considera renovable porque el CO2 que emite al quemarse es el que la planta absorbió durante su crecimiento, de modo que el balance neto es cercano a cero si la materia prima procede de una gestión forestal sostenible.
Coste de instalación comparado
Una caldera de biomasa con su silo de almacenamiento cuesta habitualmente entre 5.000 y 12.000 euros instalada, algo por debajo de una instalación de aerotermia, que se mueve entre 7.000 y 15.000 euros. La diferencia se reduce si la vivienda necesita adaptar los emisores para la aerotermia.
Ambas tecnologías acceden a ayudas públicas dentro de los programas de rehabilitación energética, aunque la aerotermia suele estar mejor posicionada en las convocatorias más recientes por su alineación con los objetivos de electrificación.
Coste del combustible
Aquí es donde la comparativa se vuelve interesante. El pellet ha sido históricamente más barato que el gasoil, pero su precio ha mostrado una volatilidad notable en los últimos años, con subidas fuertes cuando la demanda se dispara en inviernos duros.
Una vivienda media consume entre 3 y 5 toneladas de pellet al año, lo que supone entre 900 y 1.800 euros anuales según el precio del momento. La aerotermia, para el mismo aporte térmico, suele generar un gasto eléctrico de entre 700 y 1.300 euros al año.
Espacio y almacenamiento
Este es el punto que más subestima quien se plantea la biomasa. Una caldera de pellets necesita un silo o depósito de almacenamiento con capacidad suficiente para varios meses, lo que puede requerir entre 2 y 5 metros cuadrados de espacio dedicado, además de accesibilidad para el camión de suministro.
La aerotermia solo necesita espacio para la unidad exterior y, en sistemas bibloc, para el módulo interior y el depósito de agua caliente. No hay que almacenar nada ni coordinar entregas.
Mantenimiento diario y anual
Una caldera de biomasa genera cenizas que hay que retirar con regularidad, desde una vez por semana hasta una vez al mes según el modelo y el consumo. También requiere limpieza periódica del intercambiador y del quemador, además de la revisión anual del profesional.
La aerotermia se limita a una revisión anual y a mantener limpia la unidad exterior de hojas y suciedad. No hay combustión, ni cenizas, ni chimenea que revisar.
Emisiones y normativa
Aunque la biomasa se considere neutra en CO2, sí emite partículas en suspensión, un contaminante local que preocupa cada vez más en zonas urbanas. Varias ciudades europeas ya han restringido las calderas de biomasa en episodios de alta contaminación.
La aerotermia no produce ninguna emisión en el punto de uso, lo que la deja fuera de ese tipo de restricciones.
Cuándo compensa la biomasa
La biomasa tiene sentido claro en dos escenarios: viviendas rurales con acceso barato o directo a la materia prima, y viviendas antiguas mal aisladas con radiadores de alta temperatura donde adaptar el sistema a la aerotermia resultaría caro.
También es una opción razonable si la vivienda ya cuenta con un espacio de almacenamiento adecuado y el usuario no ve inconveniente en el mantenimiento manual.
Conclusión
La biomasa gana en coste inicial y puede ser muy competitiva en entornos rurales, pero exige espacio, logística de combustible y un mantenimiento manual constante. La aerotermia cuesta más de entrada y ofrece a cambio un funcionamiento desatendido, sin emisiones locales y con menor gasto de explotación. Para vivienda unifamiliar en entorno urbano o periurbano, la aerotermia suele ser la opción más cómoda y sostenible a largo plazo.



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